Sociedades científicas argentinas destacan el valor nutricional de los productos lácteos

Hasta hace pocos años, la leche y sus derivados ocupaban un lugar indiscutido en el podio de los alimentos más nutritivos y saludables. Sin embargo, en tiempos de posverdad (cuando todo se pone en duda), el producto de la vaca cayó bajo sospecha. En cualquier reunión social hay alguien que habla de cómo su vida dio un vuelco desde que dejó de consumir lácteos. Activistas veganos se niegan a dárselos a sus hijos con el argumento de que “la leche es buena para el ternero”, y los más aguerridos “escrachan” una pizzería tradicional de la calle Corrientes porque supuestamente corrompe a la sociedad con el queso muzzarella. En numerosos informes periodísticos, la leche entró en una lista de “venenos blancos” junto al azúcar, la sal, la harina de trigo y el arroz blanco. Ahora, la industria láctea salió con los yogures de punta contra el discurso anti-leche. Y no lo hizo sola, sino que obtuvo el respaldo científico de los nutricionistas, de universidades y del propio gobierno.

En un hecho inusual, la Sociedad Argentina de Nutrición, la Asociación de Dietistas y Nutricionistas, la Escuela de Nutrición de la UBA, la Universidad Católica (UCA) y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), dependiente del Ministerio de Producción y, en última instancia, de la Presidencia, firmaron un comunicado donde expresaron su preocupación frente a “mensajes y consejos erróneos en relación al consumo de lácteos, fuente importante de calcio y numerosos nutrientes”, y marcaron la recomendación de consumir tres porciones de lácteos por día.

Curiosamente, el texto –al que también adhirieron la Universidad Maimónides, el Departamento de Tecnología de la Universidad de Luján y el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación– fue difundido por la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL), entidad que nuclea a 160 firmas que producen cinco millones de litros de leche por día en 3.000 tambos.

De este modo, la industria lechera (o una parte importante de ella) acusó recibo de los cambios de hábitos y del impacto cultural que tiene la prédica del movimiento vegano, aunque negó que el consumo haya disminuido.

Los veganos rechazan cualquier alimento de origen animal, incluyendo la leche y los huevos.

El comunicado

El comunicado de los nutricionistas y los académicos dice que la “información errónea” sobre los lácteos “muchas veces proviene de personas que no son profesionales de la nutrición y no reflejan las recomendaciones nutricionales establecidas en las Guías Alimentarias para la Población Argentina (GAPA), elaboradas por el entonces Ministerio de Salud con la colaboración de numerosas instituciones y expertos en estos temas”.

“Tales guías alimentarias –agrega– están dirigidas a toda la población argentina sana mayor de 2 años y brindan recomendaciones nutricionales para lograr una alimentación saludable. En el caso de los lácteos, recomiendan tres porciones al día (entre leche, yogur y queso), preferentemente descremados, en virtud de las deficiencias de nutrientes reflejadas en los últimos estudios epidemiológicos sobre la población argentina”.

Continúa el texto: “Reconocemos que las decisiones personales con respecto a la alimentación y al estilo de vida en general son una expresión de la libertad individual, por lo tanto respetables. Pero comunicar una decisión o experiencia personal sobre el consumo o no de un determinado alimento, en este caso la leche, no debería realizarse a manera de una recomendación nutricional, más aún cuando proviene de personas ajenas al ámbito de la salud y la nutrición, sin evidencia científica que sustente esa información. Esto genera confusión en la población y pone en riesgo la posibilidad de lograr una alimentación saludable y equilibrada”.

“La leche y sus derivados –finaliza– forman parte de la alimentación humana desde hace más de 10.000 años, y proveen un conjunto de nutrientes esenciales como calcio, potasio, fósforo y proteínas de alta calidad, difíciles de obtener todos juntos, en una misma matriz, en otros alimentos. Por este motivo, están incluidos en las recomendaciones nutricionales actuales de la gran mayoría de los países. ¡La Nutrición es una ciencia, no una opinión!”.

Palabra de queseros

En diálogo con LA NACION, el gerente de APYMEL, Rubén Bonafina, explicó que la entidad es “esencialmente quesera”, puesto que el 95 por ciento de los socios se dedica a la elaboración de quesos.

De hecho, añadió, el 50 por ciento de los 11.000 millones de litros de leche anuales que produce la Argentina se destina a la industria quesera.

El consumo anual per cápita de leche se ubica en nuestro país en torno de los 200 litros. A esta cifra se llega entre la leche fluida y su equivalente en derivados. Por ejemplo, si una persona come un kilo de queso, se contabilizan los diez o más litros de leche que se usaron para fabricar ese kilo de queso.

Bonafina sostuvo que el consumo por habitante no mermó como consecuencia de lo que llamó “la publicidad vegana”, pero sí habló del impacto negativo en “la imagen” de la industria.

“Llegan a decir que la leche produce cáncer. Esto no trajo una baja en el consumo. No es que nos provoque un daño económico. El daño es conceptual y cultural y puede sentirse a futuro en chicos que no reciben los nutrientes suficientes. Nosotros luchamos por una buena alimentación”, sostuvo Bonafina.

Con respecto, puntualmente, al sector que representa APYMEL, concluyó que el consumo de quesos se ubica entre 12 y 13 kilos por habitante por año, frente a los 27 – 28 kilos que comen en Italia o Francia (los más grandes consumidores a nivel mundial).

Fuente: La Nación, Argentina. 21-11-2018