Cuatro falsos mitos sobre la leche

NoticiasSAL0918_mitos2La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) desmiente cuatro argumentos contra este alimento que circulan en Internet y a través del boca a boca.

Si hace unos años la leche estaba considerada como uno de los componentes estrella de nuestra dieta, últimamente se ha desatado una cruzada contra este alimento. España es el quinto país de Europa que más leche consume y en ella nos gastamos un 12% de lo que destinamos a llenar el carro. La OCU ha desmentido firmemente cuatro argumentos que se utilizan contra la leche tanto en Internet como a través del boca a boca:

1. Ningún otro animal la toma

La madre de todos los argumentos anti-leche: terminada la lactancia, ningún otro mamífero sigue tomándola. ¿Y bien? Somos un mamífero único en demasiados aspectos. Tenemos lenguaje, cultura, política, mercado, asociaciones de consumidores…

También somos el único mamífero que puede conseguir leche de otros mamíferos. Así se explica que seamos los únicos que siguen tomándola: somos los únicos que pueden hacerlo.

2. Un adulto no puede digerirla

Digerir mejor o peor la leche depende de si se es o no intolerante a la lactosa.

En zonas donde la leche fue reducida o incluso eliminada de la dieta (la mayoría de África y Asia, por ejemplo), las adaptaciones genéticas han llevado a una mayor intolerancia a la lactosa (en el sudeste asiático, la práctica totalidad de la población).

La propia industria láctea ha contribuido a la confusión, con todas las marcas comercializando una versión sin lactosa que se anuncia como «fácil de digerir». La OCU advierte de que hay que ir a la letra pequeña para leer «apto para intolerantes a la lactosa».

3. Provoca alergias

La OCU aclara que hay que distinguir entre una intolerancia y una alergia.

La intolerancia al azúcar de la leche (lactosa) suele aparecer en edad adulta. En los países mediterráneos, el porcentaje oscila entre el 15% y el 20% de la población. Los intolerantes pueden optar por tomar otros lácteos, sobre todo yogures, ya que contienen menos lactosa y sus fermentos producen enzimas que ayudan a la digestión.

La alergia a la proteína de la leche aparece en edades muy tempranas, afecta a menos del 3% de los bebés y en el 80% de los casos desaparece por sí sola cuando el niño crece. Si no lo hace, el único tratamiento es eliminar la leche de la dieta.

Ni la intolerancia ni la alergia son fenómenos mayoritarios, según señala la Organización de Consumidores y Usuarios.

4. Es mala para el colesterol

Aunque en el pasado se relacionó la grasa de la leche con un mayor riesgo cardiovascular (sobre todo por el aumento del colesterol), esto ya no está tan claro.

Si nos centramos en el colesterol presente en la leche, hay que señalar que el colesterol de los alimentos tiene una influencia testimonial en el colesterol sanguíneo.

Pero lo fundamental es que debemos considerar los alimentos en su conjunto. Así, a las grasas saturadas presentes en la leche habría que sumar las grasas cardiosaludables también presentes (ácido oleico, ácido linoleico conjugado, ácidos grasos de cadena corta) y los oligopéptidos, que parecen jugar un papel a la hora de reducir la tensión arterial.

Además, existen diferentes tipos de leche en el mercado dependiendo de su cantidad de grasa como entera, semidesnatada y desnatada.

Fuente: El norte de Castilla, España. 1-9-2015