Desmontando los 10 mitos falsos de la leche

La leche es uno de los productos básicos de la cadena alimenticia y un infaltable dentro de nuestra dieta. Eso sí, su consumo en España es más bajo de lo deseable. Son muchas sus propiedades -bajo índice calórico, nutrientes, desarrollo de nuevos tejidos, su efecto uricosúrico, digestión-, pero se trata de un alimento sometido siempre a continua revisión y un potente generador de mitos. Unos clásicos y otros más modernos. Hoy, en el Día Mundial de la Leche, Alimente te aporta nuevas claves sobre este lácteo.

Cada tanto aparecen estudios –que muchas veces habría que calificar como simples sondeos, a tenor de procedencia y valor de la muestra- en los que se asegura que la leche produce tal o cual perjuicio para la salud. Incluso se habla del desarrollo de tumores. “La primera realidad es que el 75% de la población no toma la cantidad de calcio recomendada. Y la segunda es que no hay evidencia científica alguna que relacione su consumo en las cantidades recomendadas con posibles efectos perniciosos o graves para nuestra salud”, afirma Elena Garea, directora de Nutrición y Salud de Calidad Pascual. “Todo ello suele deberse a informaciones o campañas interesadas”, agrega.

Los diez mitos de la leche

1. “Es un alimento que pierde sus propiedades durante el proceso”. FALSO

En su origen, todas las leches contienen glúcidos o hidratos de carbono, junto con proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua. Al calentarla, lo que hace la industria es eliminar cualquier tipo de contaminación microbiológica. Además, el proceso favorece que su conservación y consumo puedan realizarse en plenas condiciones de seguridad y durante un periodo más largo. “Precisamente, algunos de los mayores esfuerzos que se han hecho en los últimos años es investigar y desarrollar procesos cada vez más seguros y con el objetivo de que la leche sostenga todas sus propiedades desde que sale de la vaca hasta que llega a nuestros hogares”, reseña Elena Garea. Un mito rotundamente falso.

2. “Debe consumirse solo durante la infancia”. FALSO

Es indudable que para los bebés y niños la leche supone un alimento fundamental, entre otras cosas por la enorme cantidad de calcio que proporciona. La leche y los productos lácteos aportan cerca del 70% del calcio total recomendando en la dieta. Es un mineral fundamental para fortalecer los huesos, regular nuestro ritmo cardiaco, las funciones musculares, el control de la presión arterial, el colesterol y diversas funciones nerviosas. “Y precisamente todos estos beneficios se deben reforzar en los segmentos de edad más mayores”, suscribe la experta. Según un estudio desarrollado por el Hebrew Senior Life Institute, en Boston, el consumo de lácteos se asocia con una mayor densidad mineral ósea y mayor fuerza vertebral. No solo eso, sino que estos beneficios son aún mayores a partir de los 50 años.

3. “La leche sin lactosa es mejor”. FALSO

Depende de para quién. “Si se es intolerante a la lactosa, desde luego que sí. Pero si no, no hay por qué consumirla si no se desea”, explica. Una de las vías de comercialización de la industria del lácteo es la “personalización”, adaptar productos a las necesidades de la población. En primer lugar, tenemos a nuestra disposición la elección de la procedencia de la leche. Y luego, la diferenciación entre leche desnatada, semidesnatada y desnatada. Ahora cada vez hay más tipos de lácteos y derivados. Al final, la elección es nuestra.

4. “Las leches vegetales son una alternativa”. FALSO

Otro mito falso a desmontar. Solo es una alternativa en el caso de que se sea alérgico a la proteína de la vaca. “La elección en este caso es la bebida de soja, aunque no sea leche”, comenta Elena Garea. Lo cierto es que la proteína que aporta la leche de vaca posee un alto valor biológico al contar con todos los aminoácidos esenciales. Estas características solo están presentes en la bebida de soja, pero no ocurre con el resto de leches vegetales, cuyo consumo es creciente. De hecho, estas suelen contener azúcar añadido, cosa que no ocurre con la leche de vaca. Y, por descontado, el aporte de calcio no existe en las leches vegetales, a no ser que se le agreguen con un proceso químico.

5. “Sube el colesterol”. FALSO

Según un estudio realizado sobre más de 130.000 personas en 21 países y publicado en la prestigiosa revista ‘The Lancet’, tomar tres raciones de lácteos al día consigue reducir las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad entre un 14 y un 23 por ciento. Obviamente, si se consume leche de forma desmesurada, surgirán problemas. Y, en cualquier caso, la leche desnatada ayuda a mantener a raya el colesterol.

6. “Contiene antibióticos”. FALSO

Es uno de los bulos más absurdos jamás transmitidos. Si una vaca contrae alguna enfermedad, se le suministra antibióticos y por evidentes razones naturales se sigue ordeñando, eso es cierto. Pero también es verdad que siempre se aísla al animal del grupo y su leche no entra jamás dentro de la cadena alimenticia. “La industria del lácteo tiene un alto grado de responsabilidad en materia de seguridad. Nadie se arriesga a un escándalo o una sanción que puede ser falta para su desarrollo comercial”, defiende Elena Garea.

7. “Produce intolerancias”. FALSO

“Nunca se ha demostrado, no hay una sola evidencia científica”, asegura la directora de Nutrición y Salud de Calidad Pascual. Otra cosa es que alguien desarrolle una intolerancia que le impida consumir lactosa. O incluso alergia. La intolerancia a la lactosa se manifiesta principalmente en edad adulta, aunque también existe un pequeño grupo de la población adolescente e infantil en la que ya remiten los síntomas (náuseas, dolor abdominal, hinchazón, gases, pérdida de peso…). Si hay cualquier sospecha, lo primero es acudir a un especialista y, en su caso, someterse a un test de intolerancias. Ah, y no está prohibido que los tolerantes consuman leche sin lactosa. Es una elección como otra cualquiera.

8. “Mucha azúcar”. FALSO

El azúcar de la leche es natural, no añadido. “Proviene de la lactosa de origen natural, no de azúcar que se pueda añadir durante el proceso. Y da igual si hablamos de leche entera, semidesnatada o desnatada”, advierte la especialista. Para detectar si estamos ante un producto con azúcar natural o añadido, basta con mirar el etiquetado y la lista de ingredientes. Aquí aparecerían los azúcares añadidos del producto. Si el porcentaje no coincide con el total de azúcar total es que el resto son azúcares naturales. En la leche no hay añadido alguno.

9. “Engorda”. FALSO

No solo no engorda, sino que las seroproteínas que incluye la leche tienen efectos saciantes, razón por la cual son buenas para cualquier dieta. Eso sí, siempre que su consumo sea moderado. Siempre, sensatez. Además, la leche entera tiene ácidos grasos que cuando entran en nuestro organismo no se sintetizan de nuevo y no se incorporan al tejido adiposo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la leche y los productos lácteos son “importantes en la diversificación de la dieta”.

10. “Produce caries”. FALSO

Es uno de los mitos más antiguos que regresa cada tanto. Pero lo cierto es que la riqueza en calcio que proporciona la leche es clave para la formación del diente y su conservación. “Una razón de peso para consumirla especialmente en edades infantiles y mayores”, resumen Elena Garea.

Fuente: Alimente (El Confidencial), España. 1-6-2019