El lácteo de los mil nombres: yogur

La alimentación siempre ha sido una de las principales preocupaciones del ser humano, sobre todo cuando no existían medios de conservación. Esto ha motivado en gran medida la historia del yogur, un lácteo cuyo origen se remonta hacia el 5.000 AC, cuando la leche se dejaba fermentar para poder consumirla días después del ordeñe y que mantuviera su calidad.

Su popularidad como alimento altamente nutricional hizo que el yogur tuviera tantos nombres como países y regiones de consumo: katyk (Armenia), dahi (India), zabadi (Egipto), mast (Irán), laban (Irak y Líbano), roba (Sudán), iogurte (Brasil), cuajada (España), o matsoni (Rusia y Japón). Sin embargo, su actual denominación proviene del turco: yoğurmak, que significa espesar, coagular o cuajar.

Además de ser un alimento ideal para las mamás embarazadas, niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, el yogur también es una fuente inmensa de probióticos que ayudan a mantener y mejorar el sistema inmunológico, cardiovascular, digestivo y el metabolismo en general: ayuda a prevenir la obesidad, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus tipo 2. Tantas cualidades le han permitido alcanzar todos los rincones del planeta y sumar más nombres a su lista.