“La humanidad toma leche desde el Neolítico”

Luis Calabozo lleva casi quince años al frente de la Federación Nacional de Industrias Lácteas, la patronal del sector que agrupa a más del 95% de los productores del país. El directivo es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad San Pablo (CEU) y la Complutense. Entre otras dedicaciones, debe enfrentarse a combatir los mitos asociados a un producto con el que desayunan millones de españoles al día, a pesar de que su consumo ha descendido en los últimos años. “Creíamos que la leche se vendía sola”, reconoce, enfrascado en una campaña para recordar a los consumidores las bondades de esta bebida.

-¿Es cierto que el hombre es el único animal que sigue bebiendo leche una vez que es adulto?

-Es un silogismo muy bien construido, pero no es cierto. A cualquier animal si le pones acceso fácil a la leche la tomará. El hombre es el único animal que ha sido capaz de desarrollar habilidades para tomar nutrientes de alto valor biológico como la leche. De ahí que su desarrollo como especie superior, aunque ahora es difícil decir esas cosas. Es un topicazo.

-¿Desde cuando consume leche la humanidad?

-Desde el Neolítico el hombre ha aprovechado los nutrientes de la leche de otros animales. Ahí se produjo una de las mutaciones más rápidas y aprovechables por el hombre. Es la mutación que le permite seguir produciendo lactasa, que es la enzima sintetiza la lactosa de la leche más allá de la lactancia.

-Parece que la intolerancia a la lactosa es una epidemia en nuestros días.

-La intolerancia a la lactosa tiene unos efectos, digamos, benignos. Hay una parte relativamente pequeña de la población que, con el tiempo, deja de producir la suficiente lactasa y no puede transformar un azúcar en otros dos azúcares: glucosa y galactosa. Pueden tener alguna molestia intestinal. Hay alternativas para esas personas, como la leche sin lactosa, pero la lactosa no es nada malo.

-Hay quien decide dejar de consumir productos con lactosa sin presentar esa intolerancia.

-Sin síntomas relacionados ni estar diagnosticado de intolerancia a la lactosa, lo único que haces es que, poco a poco, produces menos lactosa y, al final, puedes tener menos acceso a un alimento, como la leche, que es beneficioso.

-¿Cómo afronta la industria la aparición de estos productos alternativos como las leches vegetales?

-En realidad no son leches. Ya no es posible denominar leche a un producto blanco que no sale de las glándulas mamarias de un mamífero. Sin estigmatizar, hay que decir que no satisfacen las mismas necesidades nutricionales. El problema es que hay quien trata de sustituir un producto por otro. Ha habido problemas de salud. En España ha habido casos de raquitismo en niños por cuestiones ideológicas de los padres respecto a los productos de origen animal. Es por desinformación.

-¿Ha supuesto un problema el abandono del consumo de leche?

-La producción de leche en España está en 3,2 millones de toneladas, mientras que las bebidas vegetales son 165.000 toneladas. El consumo es 20 veces inferior. El problema de caída del consumo a lo largo de esta década no se compensa con las bebidas vegetales.

-¿Se siguen repitiendo esas manifestaciones en las que el ganadero derramaba leche en esas enormes cántaras de metal?

-Ya no se usan, pero quedan como símbolo. Es una imagen típica de la lechería en el mundo. El sector lácteo ha estado siempre muy regulado, sujeto a un sistema que generaba muchas distorsiones. El exceso de producción gracias a las ayudas públicas provocó la creación de un sistema de cuotas, un límite cuando el consumidor y el contribuyente europeo dijeron que ya no podían mantener esas montañas de leche y mantequilla en las que se convertía la producción. En España hubo muchos desequilibrios, pero con su finalización en 2015, el sector entra a competir en los mercados internacionales. Hay ciclos y el precio es muy fluctuante, pero España, en los últimos años, ha aumentado un 21% las entregas de leche de vaca.

-¿España es una potencia a nivel europeo?

-No somos una gran potencia en la producción de leche, pero a nivel español es el segundo de la industria de alimentación y bebidas después del cárnico.

-¿Los españoles somos grandes consumidores de leche?

-Sí, somos grandes consumidores de leche líquida. Menos consumidores de queso que el resto de Europa y estamos en la media en el yogur. Es verdad que a lo largo de la última década ha habido una caída importante del consumo. Hemos invertido mucho tiempo y recursos en investigar las causas, aunque se está recuperando desde 2017. Hasta entonces, hubo una caída del 10%.

-¿A qué se debe?

-Prácticamente el 100% de los hogares españoles compra lácteos. No es un problema de penetración, sino de frecuencia. El ciudadano que había reducido su consumo, cuando se le preguntaba, creía que había consumido lo mismo o más. Es un problema de olvido. Esto requiere una campaña para despertar al consumidor. Más del 95% de la población considera que la leche es buena para la salud. Pero es un alimento que ha perdido su esencialidad. El sector creía que la leche y los productos lácteos se defendían solos

-Imagínese que soy uno de los escépticos para el consumo de leche. Intente convencerme para que cambie de opinión.

-Hemos decidido no convencer a quien, por razones ideológicas o de creencia, deja de tomar leche. Hay un problema en la sociedad. En el debate entre creencia y ciencia, la ciencia nunca va a ganar porque la creencia es un acto de fe. Aunque es un porcentaje pequeño. Poco podemos hacer hasta que la salud de la persona se ve afectada.

Fuente: Diario de Sevilla, España. 2-5-2019