La leche en nuestra dieta

noticiasSAL0515_quitar_lacteosPor mi formación e interés personal, frecuentemente navego por internet con la intención de leer información útil y de calidad sobre temas que tengan relación con la nutrición. Me ha llamado mucho la atención tropezarme repetidamente con páginas web que demonizan el consumo de leche más allá de la primera infancia. Me llama la atención y sobre todo me preocupa porque esas mismas páginas están a su alcance; es más, están dirigidas a usted, que se interesa por su alimentación y la de su familia y que no tiene formación médica.

Son dos los problemas que esgrimen los autores, normalmente nutricionistas, de estas páginas. El primero es que los seres humanos no estamos diseñados para digerir la lactosa más allá de los primeros años de vida. De la intolerancia a la lactosa ya hablamos en esta misma columna hace un par de semanas, así que no vamos a darle más vueltas pero, en el supuesto caso de que usted padezca una intolerancia a la lactosa no tiene ningún problema para digerir y aprovechar los beneficios de productos lácteos como el yogur, el queso curado o el kéfir, además, lógicamente, de que puede tomar leche sin lactosa.

El segundo es el relativamente elevado contenido en grasas de la leche y que parte de éstas son poco saludables. De hecho, un vaso de leche entera contiene unos 9 gramos de grasa, de los que un 60% son ácidos grasos saturados. Sin embargo, si usted tiene problemas con los niveles de colesterol, sobrepeso o padece de una enfermedad cardiovascular, tiene a su disposición leche y productos lácteos desnatados o semidesnatados. Si miramos la otra cara de la moneda, la grasa de la leche es el vehículo óptimo para el transporte de vitaminas liposolubles A, D, E y K. Cuanta mayor cantidad de grasa tiene la leche, mayor cantidad de vitaminas contiene. De ahí que muchas de las leches y productos lácteos desnatados o semidesnatados estén enriquecidos con este tipo de vitaminas para mantener su valor nutricional.
La leche es un alimento muy completo, de alto valor nutritivo y con un adecuado equilibrio de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales. Las proteínas que aporta la leche son de un elevado valor biológico por su alto contenido en aminoácidos esenciales y azufrados.

Además, la leche y los productos lácteos aportan hasta el 75% del calcio total de la dieta. Este aporte es absolutamente esencial e irremplazable por ningún otro alimento natural en cualquier fase de la vida, pero especialmente en la infancia y la adolescencia, la postmenopausia en las mujeres o la tercera edad. Es cierto que nuestra masa ósea no solo depende de la ingesta de calcio y vitamina D, sino que factores genéticos, hormonales y la actividad física juegan un papel importante. La ingesta de productos lácteos no garantiza, por tanto, evitar problemas óseos como la osteoporosis, pero sin duda reduce el riesgo de padecerlos.

La preocupación que existe en la sociedad actual por llevar una alimentación saludable puede conllevar decisiones poco recomendables, como la de restringir o incluso eliminar la ingesta de leche y lácteos y sustituirlos, por ejemplo, por bebidas de soja. Ya comentamos en otra ocasión que la soja es nutricionalmente interesante, pero no es comparable con la leche ni puede sustituirla.

¿Cuál es la recomendación más saludable? Independientemente de su edad, intente tomar de 2 a 3 raciones de lácteos al día mediante un consumo variado de leche, yogures y queso. Si los toma desnatados, conviene que estén enriquecidos con vitaminas A y D. Pero no lo olvide: la leche y los lácteos deben formar parte de una alimentación saludable y equilibrada. Es por su salud.

Fuente: El Correo Gallego, España. 02-05-15