La leche, mejor entera

Aunque hay una gran variedad, los expertos destacan el valor nutricional de la que no se le ha quitado la grasa.

La leche ha dado lugar a investigaciones científicas, opiniones expertas, interesadas y pseudocientíficas, muchas veces antagónicas. Paralelamente, los estantes de los supermercados ofrecen todo tipo de leches: entera, desnatada, semidesnatada, de crecimiento, enriquecida con vitamina D, con calcio, la que regula el colesterol, la que está libre de lactosa… El abanico es enorme, casi delirante, para un consumidor con poco tiempo o dubitativo.

Hace unos meses, una empresa del sector sacó al mercado una leche especialmente destinada a mayores de 50 años y la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) hizo una declaración en la que cuestionaba sus supuestas ventajas. Además, defendió que la mayor parte de la población no necesita ingerir alimentos enriquecidos sino que es suficiente con seguir unas correctas pautas nutricionales.

CF ha intentado arrojar un poco de luz al debate, obteniendo algunas conclusiones de la mano de expertos en la materia, entre ellas, que la leche es un alimento básico para todas las edades por su aporte completo de vitaminas y proteínas, y que ésta debe ingerirse mejor entera, salvo problemas concretos de salud. Y es que, los últimos estudios demuestran que favorece la salud cardiovascular y es una buena prevención para enfermedades como la osteoporosis. Rosa López Mongil, vicesecretaria general de laSociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), así lo defiende: “Se ha comprobado que dos raciones o más de leche al día proporciona un aporte de vitaminas liposolubles (A y D), que son muy necesarias, proteínas K1 y K2 y bifidobacterias, que activan la microbiota intestinal”.

Salvo contraindicaciones

La experta, que coordina el grupo de trabajo de Alimentación y Nutrición de la SEGG, es contundente al recomendar la leche entera para todos los adultos, sin necesidad de cambiar por motivo de edad, a excepción de aquellos casos en los que exista una intolerancia o sufran algun malestar muy concreto: “No hay que tomar una leche específica según la edad, sino por la situación de la persona, como, por ejemplo, si tiene intolerancia a la lactosa, pesadez de estómago o flatulencia”.

Por esta misma razón, está a favor de fórmulas especiales, como la leche desnatada enriquecida con vitamina D: “En las leches desnatadas se quita la grasa y, por tanto, las vitaminas liposolubles y algunas proteínas que van unidas a ella, que se ha visto que ayudan a tener una buena salud cardiovascular”.

La leche entera es igualmente recomendable cuando una persona está a dieta o tiene el colesterol alto. “La entera –especifica la López Mongil– tiene un colesterol dietético que no tiene que ver con el colesterol de la sangre”, postura que también defienden los expertos de la OCU.

A partir de los 3 años

Ana Moreno Álvarez, pediatra de la Unidad de Gastroenterología Pediátrica del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña, apuesta también por la leche entera: “Es fundamental a partir de los 3 años, dado que contiene gran cantidad de proteínas de alto valor dietético y no hay alternativas”.

Ambas especialistas sacan a colación un estudio, publicado en The Lancet, en el que siguieron a más de 136.000 personas de entre 35 y 70 años en 21 países durante nueve años. En este trabajo, uno de los más importantes realizados hasta la fecha por la muestra, concluyó que el consumo de leche entera se asoció con menos enfermedades cardiovasculares.

Este alimento igualmente juega su papel en la prevención de fracturas por osteoporosis y en la sarcopenia: “Es fundamental que estas personas tomen vitamina D por la pérdida de masa y fuerza muscular”, añade la vicesecretaria de SEGG.

De crecimiento

¿Y qué ocurre con las leches de crecimiento? Para Moreno Álvarez, cuando se trata de niños de edades comprendidas entre 1 y 3 años, pueden ser útiles en situaciones concretas: “Puede haber algunos pequeños que tengan un déficit de micronutrientes, vitamina D, hierro y ácidos grasos polinsaturados, por lo que estaría aconsejado una de crecimiento”. Aún así, aclara que se pueden conseguir con una alimentación variada.

La Asociación Española de Pediatría (APED) también defienden su utilidad en un decálogo que ha elaborado en el que dice: “Con el objetivo de adapartarse mejor a las necesidades de los niños de corta edad, las leches de crecimiento tienen un contenido proteico reducido, ya que la cantidad de proteínas contenidas de forma natural en la leche de vaca es elevada para los más pequeños. También tienen un perfil lipídico modificado, más equilibrado”. Ahora bien, advierte de que no deben darse a menores de 12 meses.

Otra consideración merece el capítulo de las bebidas vegetales, a juicio de Moreno, quien no las considera como un alimento completo ni una alternativa a la leche de vaca: “Su aporte de proteínas es insuficiente y algunas tienen un alto contenido de azúcar”, concluye la experta.

Fuente: Correo farmacéutico, España. 5-2-2019