Si tomas leche, mejor entera

Nuevos estudios han comprobado que tomarla con su grasa natural reduce el riesgo de sufrir obesidad y diabetes tipo 2.

Está claro que en nuestro país preferimos la leche semidesnatada. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, el 46% de la leche vendida en 2016 era semidesnatada; el 25% era entera y el 29%, desnatada. “Siempre nos han dicho que la leche entera aumenta los niveles de colesterol y engorda, pero en casa la tomamos semidesnatada, porque sabe mejor que la desnatada y los niños y mi marido la prefieren”, explica Áurea Martín, madrileña con dos hijos de nueve y 12 años.

Es verdad que la leche entera lleva tiempo estigmatizada. Las propias guías nutricionales aconsejan que la tomemos desnatada. Sin embargo, estudios con miles de personas han puesto ahora en tela de juicio ese consejo. Tras observar la relación entre el consumo de leche entera, el peso corporal y el riesgo de obesidad, han encontrado justo lo contrario de lo esperado: las personas que consumen lácteos enteros tienden a pesar menos y tienen menos probabilidades de desarrollar diabetes tipo 2 que las que optan por los lácteos desnatados.

A vueltas con la leche
  • Entre un 30% y un 50% de la población española padece intolerancia a la lactosa –el azúcar de la leche–, lo que explica el aumento de consumo de leche sin lactosa y las bebidas vegetales.
  • Muchos expertos creen que todos los adultos tenemos problemas para digerir la lactosa, porque con los años producimos menos lactasa, la enzima que ayuda a metabolizar este azúcar. Existen productos elaborados con leche entera que tienen bajos niveles de lactosa. Los quesos curados (como los manchegos o el parmesano) están entre ellos, pero no los quesos blandos, como la mozzarella o el brie.
  • Otras opciones interesantes son el kéfir y el yogur, porque las bacterias beneficiosas que contienen (probióticos) digieren parte del azúcar de la leche.
  • El consejo, si notas que no digieres bien la leche, es que pruebes a consumir pequeñas cantidades de los alimentos citados y, en caso de duda, consultes a un especialista.
Nuevas pruebas

Uno de los estudios más potentes lo firma el cardiólogo y epidemiólogo norteamericano Dariush Mozaffarian (investigador de la Universidad de Tufts y uno de los científicos con mayor prestigio del mundo en nutrición) y ha aparecido publicado en Circulation, la revista de la Asociación Americana del Corazón y una de las biblias de la especialidad. Para esta investigación, Mozaffarian y su equipo analizaron muestras de sangre tomadas a lo largo de 15 años a 3.333 participantes en el famosísimo Estudio de las Enfermeras, una de los mayores estudios del mundo sobre factores de riesgo de enfermedades crónicas en la mujer. Lo que vieron fue que las mujeres que daban niveles en sangre más altos de tres subproductos de lácteos enteros (un dato que indica un alto consumo de los mismos) tenían también un 50% menos de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 durante el tiempo que duró el estudio que aquellas que tenían los niveles más bajos de esos subproductos (correspondientes con un bajo consumo de lácteos enteros).

A la vista de esos resultados, el propio Mozaffarian ha pedido que se cambien las recomendaciones que aconsejan optar solo por lácteos desnatados. “No hay pruebas científicas que demuestren que consumir lácteos desnatados sea mejor para la salud que tomarlos enteros”, declara tajante.

El Estudio de Salud de las Mujeres, realizado con 18.438 participantes, corrobora estas afirmaciones. Una de sus conclusiones es que las mujeres que consumen lácteos enteros en vez de desnatados tienen un 8% menos de riesgo de desarrollar exceso de peso u obesidad que el resto.

En realidad, lo que se plantea es que las grasas están en cuestión. Porque, aunque es cierto que tienen más del doble de calorías que los hidratos de carbono o las proteínas (las primeras tienen nueve calorías por gramo en vez de las cuatro por gramo de los dos últimos), nuestro cuerpo no “lee” igual todas las calorías.

Picos de azúcar

Además, cuando la gente basa su alimentación en alimentos pobres en grasas tiende a sustituir la grasa por azúcares e hidratos de carbono, que provocan picos de azúcar en sangre, lo cual favorece la resistencia a la insulina, la obesidad y la aparición de diabetes tipo 2. La industria lo sabe de sobra, y de ahí que los alimentos light no ayuden a controlar la obesidad.

“El extendido dogma de que para perder peso hay que reducir las grasas no es real”, declara la investigadora de Harvard Deirdre Tobias, que ha dirigido un análisis de 53 estudios sobre este asunto, para comparar el efecto de las dietas pobres y ricas en grasa en el peso, al cabo de un año. Su conclusión es sorprendente: las personas que siguieron dietas adelgazantes bajas en hidratos de carbono pesaban alrededor de kilo y medio menos que las que seguían dietas bajas en grasas. “Si a un alimento le quitas las grasas, como ocurre con los productos light, pierde eso que la industria llama “palatabilidad”, la cualidad que hace que sea agradable a nuestro paladar. Como compensación, añaden azúcares e hidratos de carbono, cuyo exceso se convierte en grasa corporal”, explica esta experta.

“No estamos diciendo que haya que empezar a consumir grandes cantidades de lácteos enteros –puntualiza a su vez el doctor Dariush Mozzafarian–. Antes de hacer recomendaciones generales, necesitamos nuevos estudios que corroboren nuestros hallazgos. Pero una vez dicho eso, nuestros resultados indican que la recomendación de consumir solo lácteos desnatados ha quedado ya trasnochada. Deberíamos recomendar diferentes tipos de lácteos y dejar de demonizar a los enteros”, asegura el experto.

Fuente: Mujer hoy. 18-2-2018