Ya no tienes que prescindir de la leche si eres intolerante

Las nuevas fórmulas del mercado permiten a los intolerantes a la lactosa seguir consumiendo leche y aprovechar todas sus propiedades y nutrientes.

Hasta hace unos años, aquellos que padecían intolerancia a la lactosa tenían que restringir completamente el consumo de lácteos en su dieta. Esto provocaba que, en muchos de los casos, la ingesta de los nutrientes necesarios para que el organismo funcionase correctamente fuera complicada.

Actualmente, en el sur de Europa, alrededor de un 30% de la población tiene intolerancia a la lactosa. Sin embargo, cada vez hay más opciones de productos sin lactosa en el mercado, por lo que no es necesario que los afectados renuncien al consumo de leche de vaca y puedan beneficiarse de las propiedades que ofrece.

La lactosa es el azúcar de la leche y está compuesta por galactosa (necesaria para el correcto funcionamiento del sistema nervioso) y glucosa (que es un combustible imprescindible para nuestro cerebro). Estos dos componentes son divididos para su absorción por una enzima llamada lactasa. La intolerancia se produce cuando el organismo no tiene la capacidad de producir una cantidad adecuada de lactasa y la lactosa se acumula en el intestino, produciendo molestias.

Se trata de un problema que produce molestias como: hinchazón abdominal, diarrea, gases, dolor abdominal, retortijones, náuseas o vómitos. Además, puede confundirse fácilmente con otras enfermedades digestivas como, por ejemplo, el síndrome de intestino irritable.

Cada persona puede tener un grado diferente de intolerancia. Una mínima cantidad de leche puede afectar seriamente a algunas personas, mientras que otras necesitan ingerir grandes cantidades para notar los síntomas. “Aunque se considera que los pacientes pueden tolerar una cierta cantidad (unos 12 gramos) de lactosa al día, la casuística es tan variada y personal que, ante la sospecha de intolerancia, es necesario confirmar el diagnóstico a través de un especialista”, explica el Dr. Federico Argüelles Arias. “Las pruebas son sencillas y no invasivas, y nos permiten adecuar las medidas preventivas al paciente”.

Una vez que la intolerancia a la lactosa ha sido diagnosticada, los pacientes tienen que suprimir este componente de su dieta o ingerirla en las cantidades adecuadas que su organismo pueda digerir. Sin embargo, no solo se debe tener cuidado con el consumo de lácteos, muchos productos envasados contienen lactosa entre sus ingredientes, por lo que es fundamental prestar atención a las etiquetas. Algunos de los más raros son: embutidos, bollería industrial y productos realizados con cereales, puré de patatas, incluso medicinas o colutorios bucales y dentífricos.

Muchos intolerantes eligen las bebidas vegetales derivadas de la soja, avena o almendras, que, a pesar de tener un nivel calórico similar al de la leche de vaca, tienen una cantidad inferior de nutrientes, como proteínas, minerales y vitaminas. Sin embargo, la mayoría de los españoles no consumen las cantidades diarias recomendadas de calcio o de vitamina D, por lo que la leche se presenta como una buena opción para mantener una dieta sana y equilibrada. Las variedades sin lactosa evitan, además, las molestias intestinales de los intolerantes.

La intolerancia a la lactosa por países

La genética y la procedencia también influyen en la capacidad de las personas para tolerar la lactosa. Las sociedades con un mayor consumo de leche a lo largo de su historia han desarrollado una mayor capacidad de tolerancia a la lactosa. Es el caso de los países europeos, sobre todo en la zona norte. Mientras que el caso contrario es el de los asiáticos, cuya población tiene una prevalencia de intolerancia entre el 80% y el 90%.

“En España, hay pocos estudios que analicen la prevalencia de la intolerancia a la lactosa. Sin embargo, sí se ha estudiado en Europa, detectando que es más baja en el noroeste de Europa y más alta en el sur de Europa. En Grecia se ha determinado una prevalencia del 38-45% de la población y en Francia, del 37-47%. “Los estudios realizados hasta la fecha confirman esta tendencia de nuestros países vecinos y nos permiten situar la prevalencia en España entre un 20% y un 40%”, explica el Dr. Federico Argüelles.

Fuente: El confidencial, España. 12-9-2016